OPINIÓN de Diego Rojas – Durante la inauguración de las sesiones legislativas, una gran manifestación contra el ajuste del Ejecutivo se manifestó por las calles y rodeó el palacio parlamentario, lo que provocó que los manifestantes oficialistas tuvieran que retirarse del lugar, en medio de cánticos contra el Gobierno y sus medidas. Estas líneas no son ficción.

El martes 1º de marzo, en Río Gallegos, capital de la provincia de Santa Cruz, gobernada por la kirchnerista Alicia Kirchner, manifestantes docentes y estatales en un número superior a los tres mil (que, en la pequeña ciudad patagónica, son una enormidad) expulsaron a La Cámpora, que había decidido manifestarse para apoyar a la gobernadora. Se trata de un episodio que indica una profundización del escenario de choques sociales en la provincia, otrora feudo político del kirchnerismo.

Santa Cruz es la provincia en la que se refugió el kirchnerismo residual. Si bien no obtuvo la mayor cantidad de votos, algo que sí hizo su contrincante radical, Alicia Kirchner (hermana del fallecido ex Presidente y fundador de la tendencia que gobernó el país durante doce años) se convirtió en gobernadora por obra de la antidemocrática ley de lemas. Según Alicia Kirchner misma denuncia, heredó una provincia en llamas. Lo que omite Alicia es que ella misma es heredera del régimen kirchnerista. Kirchnerismo que gobierna desde hace 25 años la provincia, trece años más de los que gobernó el país.

La provincia, como el país, está en ruinas. Por eso mismo Alicia Kirchner anunció ni bien asumió un ajuste que iba a terminar con los “ñoquis”, el mismo eufemismo que usa el Gobierno de Mauricio Macri para justificar los despidos masivos. El principal socio del Gobierno provincial —y socio y amigo primordial de los Kirchner en términos personales—, Lázaro Báez, dictaminó, apenas ingresada Alicia al Gobierno, el despido de 1.800 obreros de la construcción en sus obras. A la vez que la gobernadora Kirchner determinaba la interrupción de toda obra pública en curso.

Kirchner no despidió ñoquis, sino que decretó el cese de pagos de los contratados del Estado —una forma de precarización que estableció con impudor el Gobierno kirchnerista—, lo cual provocó la reacción de los sindicatos estatales, que además se ven amenazados por el despido de miles de agentes.

Kirchner, es decir, Alicia, actúa igual que Macri, es decir, Mauricio. Macri elimina las retenciones a las mineras, Alicia elimina el impuesto provincial a las mineras. Macri anuncia una pesada herencia y ñoquis, así replica Alicia. Mauricio impulsa la ley antipiquetes, Alicia Kirchner pide refuerzos de la Gendarmería para enfrentar los cortes de ruta de los despedidos del socio familiar Lázaro Báez.

Santa Cruz es el eslabón más débil de la crisis que atraviesa actualmente el Estado argentino, y que se replica en las provincias. Alicia Kirchner, en medio de la crisis económica que atraviesa el país, se ve obligada a realizar el ajuste que en sus acólitos denuncian respecto al Gobierno nacional. Sin embargo, ese ajuste podría terminar llevándosela puesta. Una muestra del descontento es la manifestación durante su discurso de apertura a las sesiones parlamentarias, copado por la movilización contra sus políticas económicas.

La provincia austral se convirtió en el reducto de refugio del kirchnerismo residual. También podría ser el sitio en el que comiencen a estallar las rebeliones contra el ajuste. Paradoja de paradojas: mientras en Caballito o Parque Saavedra el kirchnerismo realiza las plazas de la resistencia —término abonado por una izquierda seguidista al kirchnerismo—, en Santa Cruz los trabajadores avanzan contra el ajuste que los K quieren imponer. Oh, historia, cuyo alimento nutricio es la contradicción.

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