OPINIÓN de Roberto Porcel – Escandaliza seguir las alternativas que va experimentando la causa que investiga la muerte del fiscal Alberto Nisman. La persona quizás más informada de todas, la que mayores recursos tenía para contar con datos en el país, acaba de manifestarle a la jueza que venía interviniendo en la causa que a Nisman lo mataron. No sólo ello, sino que apunta directamente a la cúpula del anterior Gobierno como responsable del hecho o de su encubrimiento.

En un juego de intrigas sin precedentes, digno de la serie House of Cards, la muerte del fiscal que investigaba nada más y nada menos que a la entonces Presidente de la nación va tejiendo su telaraña cada vez con mayor precisión, sobre jueces, fiscales, fuerzas de seguridad, custodios, cúpula del Gobierno anterior y servicios extranjeros. De una gravedad institucional única. Causas y consecuencias que entremezclan política local y terrorismo internacional. Si fuera el guión de un libro o de una película, seguramente sería un best seller. Sin embargo, daría la sensación de que muchos argentinos no alcanzan a comprender la entidad de lo que está sucediendo. Se trivializa la información, hasta casi se podría decir que se la naturaliza, sin advertir que lo que verdaderamente está en juego es la salud y el futuro de la república.

Más allá de los avatares económicos, del dólar, de la inflación o del precio de la luz o de la nafta, no resolver una muerte que involucra a las máximas autoridades de un Gobierno puede resultar una bisagra de la que no se tenga posibilidad de regresar. Lo que es peor, resolverla puede resultar aún más escandaloso. Muchos actores de la política local se encuentran alcanzados por todas estas dudas. Una ex presidente de la nación, ministros, secretarios de Estado y funcionarios del Ministerio Público. El indubio pro reo en este caso es inadmisible, sobre todo teniendo en cuenta que muchos de los funcionarios a los que salpica la investigación siguen ocupando lugares de privilegio en la vida pública de nuestro país. Ellos mismos deberían haber sido los primeros interesados en despejar todas estas dudas. Pero, contrariamente a ello, sólo se limitaron a denostar la persona y el trabajo del fiscal muerto. Lo que, naturalmente, sólo agregó más sombras.

De los tres poderes del Estado, del que más se requiere seguramente hoy es del Poder Judicial. Es su responsabilidad, no solamente resolver este caso, sino demostrarles a todos los argentinos y a la comunidad internacional que nuevamente está a la altura de las circunstancias; más allá de la depuración que necesariamente deberá reconocer y transitar. A nadie se le escapa que hoy la Justicia es una institución muy controvertida y desacreditada. Se impone que recupere su excelencia y que podamos volver a creer en ella. Porque sin jueces creíbles y confiables no hay república posible. La Justicia es la bisagra. De ella depende que el país encuentre las respuestas que está buscando. De lo contrario, por más esfuerzo y buenas intenciones que tenga el flamante Presidente, el camino será cada vez más oscuro y tortuoso. Es ahora o nunca, es la hora del Poder Judicial.

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